Mik-el

Gracias ADN.

Autor: Amalio Rodríguez.

Ilustración: Sergio Ariño.

MANDO DE DEFENSA DE LA CORPORACIÓN GULNA

Mik-el dejó sobre la mesa de mando el trozo de corteza en el que había dibujado, con tinta de sabia, un plan de defensa que él mismo había preparado rápidamente, cuando los radares de protección de Guln habían detectado la nave. Se levantó de la mesa y ordenó que las defensas enviaran una primera andanada de misiles sónicos, de baja potencia, sobre los intrusos.

El impacto se celebró con alaridos por parte de los Gulnas que llenaban el mando de defensa. Mik-el salió de detrás de su escritorio y se acercó al enorme ventanal circular que rodeaba, mirando hacia el cielo, el puesto de mando. Su pelaje blanco y sus ojos claros destacaban entre su especie, una cicatriz dividía su rostro en dos partes iguales, casi simétricas. Le daba un aspecto amenazador, lejos de su talante real. Mik-el había sido uno de los generales que llevó a su pueblo a la liberación de los humanos, a quienes ellos llamaban Los eternos, por nuestra sabida inmortalidad. En los años de las guerras por la liberación, Mik-el fue de los pocos generales que combatió en prácticamente todas las batallas a lo largo y ancho de las galaxias conocidas. En todas y cada una de aquellas luchas solo hubo palabras de admiración para el general blanco, así le llamaban debido al color de su piel y pelo. Cuando terminó la guerra y el pueblo Gulna, junto con otros, considerados mano de obra hasta entonces, consiguieron la liberación, Mik-el se convirtió, por méritos propios en el Defensor de Guln, cargo similar al del presidente de V.I.D.A., pero que además era el encargado de proteger a los habitantes de su planeta. De él dependían tanto las decisiones relacionadas de la política, como las relacionadas con los aspectos bélicos del planeta. Él era quién decidía si se atacaba o no, cuándo y cómo. Por eso acababa de ordenarle a Axilus, el comandante en jefe del mando, que atacara la nave de Carl.

 

A BORDO DE LA NAVE

Como si de un pájaro herido se tratase, la nave caía libre hacía la rojiza tierra de Gulna.

Carl, en el puente de mando, ordenaba a su tripulación que se preparase para el impacto inminente. Los devotos de dioses arcanos se arrodillaban en el suelo para rezar, como si fuera a servir de algo. La mayoría gritaba ante lo que, sin duda, iba a ser el final de su vida.

Carl activó el comunicador intentando enviarme un mensaje desesperado.

– ¡Nos han atacado! No habrá ayuda, Jan…estás solo. ¡Estás solo!

Aquel grito desgarrado de Carl anunciándome que nadie iba a ayudarnos en mi pretensión de acabar con al corporación, fue el último sonido que se escuchó en la nave antes del impacto.

 

LA TIERRA

Ver la Tierra de nuevo me hizo estremecer. Sentía que pertenecía a esa bola azul y verde que me vio nacer. No sé cuál era la razón, pero aquel planeta era como el lugar para gritar “¡Casa!” en un juego infantil. Aunque ahora era, para mí, el lugar más peligroso del universo.

Yulma se me acercó hasta.

– No te preocupes, Jan. Todo va a ir bien.

– No es verdad, pero gracias por darme ánimos.

Sonrió y volvió al puente de mando, el lugar al que parecía pertenecer. Allí mandaba con delicadeza, pero firme, a cada uno de los integrantes de la tripulación.

Un sonido extraño, procedente del comunicador llegó a Turk.

– Es una comunicación de Carl, Jan, pero es indescifrable.- Advirtió Turk.

– Espero que sean buenas noticias, Turk. Necesitamos la ayuda de los pueblos revelados (así les llamábamos en la Tierra). Si no estamos perdidos.

– Intentaré descifrar el contenido.

Turk se acercaba a la Tierra lentamente. Nuestra estrategia consistía en no levantar sospechas, parecer una simple nave comercial en ruta, pero era difícil escapar a la corporación, ahora que, seguramente, nos estaban buscando por toda la galaxia.

Reuní a la tripulación, a mi abuela y a mi madre, y me dispuse a avanzar mis planes a todos. Seguramente no serían bien recibidos por ellos, y menos por mis familiares, pero tenia que hacerlo. No podía arrastrarles a un suicidio. Este era mi momento y no tenían que acompañarme si no querían. Solo tenían que hacerme caso en lo que les iba a pedir.

-…hacedlo por mí. Se que os puede parecer una locura, pero solo yo puedo hacerlo.

– Pero.- Intentó replicar mi madre.

– No, sabes que solo yo puedo acabar con esto. Entregadme, es la única forma.

Vale, sé que igual ahora estás pensando “¿cómo que “entregadme”? ¿pero esto no iba de un tipo que iba a derrotar  la corporación más importante de la historia de la galaxia, qué digo de la galaxia, del universo?” Entiendo vuestra decepción, pero hacedme caso, al igual que me hizo la tripulación. Todo tiene sentido.

– De acuerdo. – Sentenció mi abuela, en su papel de guerrera, más que en el de abuela y añadió.- Te llevaré personalmente al puesto de control espacial de la Tierra, allí te entregaré y me cobraré la recompensa por tu entrega, que espero sea mucha…

– Yo también.

Yulma y yo entramos en un habitáculo preparado por Turk en su nave, antes me despedí de mi madre y vi en sus ojos la misma complicidad y cariño que habíamos tenido años atrás, cuando éramos una familia, cuando mi padre aún no había optado por convertirse en un holograma parlante. En ese momento me di cuenta de que tenía una madre de nuevo y ella se dio cuenta de que ya no tenía un niño por hijo sino un hombre.

El habitáculo se desprendió de Turk y Yulma y yo, en su interior, fuimos propulsados hacia la estación de control. Entramos en el hangar comercial tras pedir permiso, y antes de bajar, Yulma me enlazó las muñecas con una banda magnética y me susurró al oído un par de palabras: “Confía en ti”. Bajamos del habitáculo y Yulma se dirigió al oficial de entrada.

– Creo que la Corporación busca a este terráqueo. Su nombre es Jan y está condenado por el JIS.

El rostro del oficial cambió radicalmente al verme. Hizo una señal y dos efectivos llegaron junto a mí.

– Llevadle abajo.

“Abajo” eran los calabozos. Entré en uno de los compartimentos e inmediatamente, al acercarme, el cristal de Vex se desvaneció para abrirme paso. Los dos soldados se miraron extrañados, pero no le dieron mayor importancia. De un empujón me lanzaron en el interior y se marcharon mientras el vidrio de Vex se cerraba tras ellos.

Yulma volvió al habitáculo y éste salió de la estación espacial en dirección a Turk.

– Jan está en la estación. He conseguido más de lo que esperaba.- Dijo Yulma.

– Te esperamos aquí, mamá. Solo pido que todo vaya bien.- Deseó mi madre apenada.

 

NAVE DEL PRESIDENTE DE V.I.D.A.

La noticia le llegó inmediatamente al presidente. Se levantó de su silla y activó la pantalla, en ella el oficial de la estación espacial donde estaba retenido apareció en medio del salón.

– ¿Dónde está el cautivo?

– En una celda, señor.

¡Qué demonios! Sáquenlo de ahí, vayan a buscarle rápido.

El presidente sabía algo que nadie de los suyos sabía. De hecho solo lo sabíamos él, yo y los que creyeron conveniente crear un clon del presidente de V.I.D.A., porque encerrarme en cualquier celda controlada por la Corporación no servía para nada.

El compartir ADN con el presidente no solo significaba que podía tener acceso a cualquier información a la que él tuviera acceso, también me convertía en una llave, la llave de cualquier cerradura de cualquier vidrio de Vex que estuviera bajo la influencia de V.I.D.A. Por eso cuando los soldados me acercaron a aquella celda, su puerta se abrió al detectar el ADN del presidente, bueno, el mío. Por eso cuando los soldados volvieron a cumplir las ordenes del oficial, que les pidió que me sacasen de la celda…no me encontraron dentro.

 – No, no está, señor. Se ha escapado.

La comunicación se cerró automáticamente. El presidente se acercó al ventanal que le ofrecía una visión limpia de la pradera y los bosques de la Clarence.

– ¡Rumbo a la Tierra! – Gritó.

ESTACIÓN ESPACIAL

Salir de la celda fue fácil, esconderme no tanto. Primero me dirigí a los niveles dedicados a las habitaciones de la tripulación, gracias a mi capacidad genética accedí a uno de los compartimentos y me vestí con la ropa que encontré en una de las taquillas. Era un uniforme de combate al que acompañaba un casco que me puse sin dudar. Salí de la habitación y  subí un nivel más, hasta el hangar de las naves. Allí, distintas naves de carga y de desembarco, estaban preparadas para una acción preventiva en la Tierra. Un grupo de soldados vestidos igual que yo se dirigían hacia una de esas naves, corrían, frente a ellos un oficial les gritaba para que fueran con mayor rapidez y cuando llegó a mi altura, al sobrepasarme, noté su mano en mi garganta y cómo me empujaba al grito de: “¿Qué haces ahí parado? Vamos, a dentro” De un manotazo me metió dentro de la nave. Cuando me quise dar cuenta estaba sentado junto a otros soldados de la Corporación, vestidos como yo, y rumbo a la Tierra, justo donde quería ir.

La nave salió de la estación y en unos segundos estábamos entrando en la atmósfera terrestre, otra vez, después de tanto tiempo. Aterrizamos en un barrio de las afueras de la ciudad de Nework donde unos altercados habían provocado una intervención rápida por parte de las fuerzas de V.I.D.A.

El oficial nos fue empujando uno a uno hacia la puerta para que saliésemos.

– Esperad a que se abra la puerta en 30 segundos. Mínima represión física, son como nosotros, es un caso leve de rebelión.

Al acercarme a la puerta, pasó lo que tenía que pasar…la puerta se abrió al entrar en contacto mi ADN con el radio de acción de la cerradura del Vex. Todos sabían que no había posibilidad de que la puerta se abriera antes de los 30 segundos, imposible, pero se abrió. Un par de soldados que estaban justo detrás de mí se miraron como si ya hubiesen asistido a algo similar, como cuando, hacia un rato, habían visto cómo la puerta de una celda se abría…eran los soldados que me llevaron  “abajo”.

Sin pensarlo dos veces salí corriendo mientras me quitaba el casco. Los manifestantes me miraron ir hacia ellos y, al principio se asustaron, pero luego, al ver que estaba huyendo, empezaron a huir conmigo de los soldados que, ya habían salido de la nave tras el grito alentador del oficial. Poco a poco me fui quitando la armadura, al menos la pechera. Desde la nave, el oficial, viendo la operativa desde su despacho, gritó al suboficial de tierra para que me diese caza: “¡EL PRESIDENTE LO QUIERE!” El suboficial de tierra, a su vez, ordenó que dejasen de seguir a los manifestantes y fuesen solo a por mí, pero yo, gracias a haberme quitado el uniforme, ya era un manifestante más, tanto que empecé a correr tras ellos, ir donde iban y esconderme donde se escondieron algunos de ellos.

 

– ¿Qué cojones haces? – Dijo un sorprendido manifestante acurrado a mi lado. Y añadió. – Eres uno de ellos.

– No, bueno, es complicado.

Los soldados pasaron de largo junto a nosotros y yo me incorporé para irme. El manifestante me miró, se levantó y salió corriendo en otra dirección. Ya estaba en la Tierra, acababa de llegar y ya me estaban persiguiendo, mi plan no estaba saliendo del todo como yo quería.

 

TURK

– He conseguido limpiar el mensaje de Carl, Yulma, y lo que nos dice no es muy esperanzador.

– Reprodúcelo.

“¡Nos han atacado! No habrá ayuda, Jan…estás solo. ¡Estás solo!” El mensaje sonó en todo el puente de mando, mi madre empezó a sollozar, mi abuela se acercó a ella y le puso la mano encima, posiblemente el primer gesto de cariño que tenía con ella en años.

– No podemos decírselo, solo podemos esperar que su plan funcione y que el dinero que hemos conseguido sirva para algo.

 

LA TIERRA

Que la Tierra sea azul y verde desde el espacio no significa que también lo sea a ras de suelo, de hecho, a ras de suelo es, claro, color suelo…y depende del suelo que tengas bajo tus pies. El mío era marrón, tirando a marrón oscuro…¿que por qué estaba en el suelo, tan cerca, con mi boca pegada literalmente a la tierra? Pues te recuerdo que me estaba escondiendo y tras echar a correr me había cruzado con unos soldados que habían decidido hacer otra pasada por la zona por donde ya habían buscado y ahí, estaba yo. Tirado en el suelo y deseando que se marchasen cuanto antes pero, no se fueron.

– Sal de ahí.- Dijo una voz tras un casco de combate, perteneciente a un soldado.

Me levanté y puse mis manos sobre la cabeza. Me sacaron a mitad de la calle y empezaron a discutir.

– Lo quieren vivo.

– No, lo quieren muerto.

– Infórmate. Pregunta.

– ¿Vivo o muerto? – Preguntó por el comunicador.

Que diga vivo, que diga vivo.

El soldado apuntó su arma a mi cabeza y apretó el gatillo.

No funcionó. Simplemente no disparó.

– No va.- Dijo sorprendido.- Dispara tú, pero compartimos la recompensa.

El otro soldado apuntó su arma a mi cabeza y apretó el gatillo.

Tampoco funcionó.

¿Qué estaba pasando? Ninguna funcionaba… en ese momento lo vi claro, ninguna iba a funcionar, no contra mí, ningún arma de la Corporación podía matar al presidente…y yo tenía su ADN, para esa máquina yo era el presidente. No me podían matar…

– Joder, dale un golpe en la sien y fuera. – Dijo el soldado.

Vaya, para eso mi ADN no tenía ninguna protección. El soldado preparó su arma y yo mis piernas. Eché a correr como nunca había corrido, a sabiendas de que no podrían dispararme. De hecho cuando salí corriendo empecé a ver al resto de soldados. Todos empezaron a apuntarme y a apretar los gatillos de sus armas con el mismo resultado, ninguna funcionaba ante la incomprensión y desesperación de estos. Alguno, al creer que el arma estaba obstruida hizo lo que nunca se debe hacer, mirar el cañón del arma y…sí, disparar, con el consiguiente cerebro desintegrado, cabeza por los aires y sangre pintando la pared más cercana. Habría sido cómico si no hubiese dado tanto asco.

Corrí tan rápido que cuando me di cuenta los soldados ya habían desaparecido de mi campo de visión. Me oculté en una nave de residuos biodegradables…basura asquerosa, vamos. Esperé respirando como pude hasta que la nave empezó a moverse, elevarse y dejar atrás la zona de influencia de los soldados.

La nave llegó al área del vertedero, dese una altura de unos 3 metros la nave vertió su contenido sobre una montaña de basura putrefacta y cuando digo “contenido” también me refiero a mí.

Caí de espaldas afortunadamente sobre la alfombra acolchada de la basura, apestaba sí, pero me salvó de romperme la espalda. Estaba a salvo, pero no del todo, un intenso olor a gas empezó a llenar el ambiente. Supuse que sería la propia putrefacción de la basura, pero en cuanto vi la primera chispa y la siguiente llama, se me fue de la cabeza esa idea. Estaban quemando la basura…y cuando digo “basura” otra vez quiero decir a mí.

Corrí, otra vez. Creo que nunca he corrido tanto en un día y creo que nunca nadie ha corrido tanto por encima de la basura en llamas en todo el universo conocido.

Llegue a la parte superior del vertedero y salí exhausto. No podía correr más, ya no quería correr en los próximos 50 años o más. Tenía que descansar, pero no podía. Mi plan tenía que seguir adelante, tenía que llegar hasta el edificio de V.I.D.A., pero esto no era una película de Star Wars, de las que le gustaban a mi padre, esas donde Luke iba a un planeta desierto para encontrar a Yoda y su nave caía justo al lado de la casa del enano verde… Yo no tenia tanta suerte. Yo estaba en la Tierra, sí, pero a 1500 km de donde estaba la corporación.

Ahora solo tenia que saber cómo llegar hasta allí.

 

La corporación V.I.D.A., nos obliga a informarte de que este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies