XII

Hundrux 5

Planeta cárcel.

Autor: Amalio Rodríguez.

Ilustración: David Senabre

Música recomendada por Nulex.

Carl Masinter dejó sobre la mesa los planos del Sector 3 y se sentó sobre la silla no sin antes lanzar un suspiro que, por el frío, formó en el aire una nube tan espesa que parecía que de un momento a otro iba a caer al suelo con el consecuente ruido.

No lo hizo, claro. El frío de Hundrux 5 era uno de los mayores castigos en ese planeta. Daba igual lo mucho que te abrigaras, hacía frío. Tanto que las palabras se congelaban al salir de la boca y caían al suelo pronunciándose a sí mismas al tocar el suelo…bueno, no, pero molaría.

Carl llevaba en el planeta cárcel, a la espera de su fatal cumplimiento de condena, 75 años, de los cuales, 43 se había convertido en el líder de aquella macedonia de delincuentes de todo tipo que componían su sociedad.

Llegó en una nave transporte desde la Tierra, acusado de un delito de robo con violencia por el que, como cualquier otro delincuente, había sido condenado a la pena capital. Hasta el día en que se llevara a cabo la ejecución Carl, como muchos otros, permanecería en Hundrux 5, alejado de todo y todos y sin la posibilidad de salir de la órbita del planeta.

Los primeros años Carl se alió con el Frente de Nux, un grupo de prisioneros condenados por delitos menores que preconizaban por la paz en el planeta. Hundrux 5 se había autogestionado durante cientos de años, creando estructuras sociales muy parecidas a las antiguas castas de la India. Dependiendo de los delitos que se habían cometido los prisioneros eran enviados a uno u otro círculo. Una marca en la frente indicaba cuál era el delito que habían cometido y esa era la forma de ir a un círculo u otro. En los más alejados al centro estaban los condenados por delitos relacionados con el asesinato o el homicidio. El siguiente círculo estaba reservado para violadores y delitos de carácter sexual. El tercer círculo lo ocupaban los estafadores, corruptos, malversadores y los que cometieran delitos económicos. El último círculo estaba reservado a los ladrones y ahí se encontraba Carl al principio, con los del Frente Nux, pero duraron poco como organización, pronto fueron eliminados de la faz del planeta y cada uno de los integrantes se refugió en un nuevo grupo de su círculo.

Carl, junto con otros ex miembros de su anterior clan, fue dirigido al centro de los círculos, donde se encontraba Ciudad Sundur, la ciudad creada por la primera de las líderes de Hundrux 5, Gemaní Sundur, la que supo unificar a todos los que quiesieran vivir en paz, independientemente de a qué círculo hubiesen sido enviados. Gemaní, años atrás ya había sido conducida a su ejecución.

Carl llegó con el miedo a la ciudad cruzando los enormes muros que la separaban del resto de círculos.  Sus calles eran amplias y sus construcciones no tenían nada que ver con las que estaba acostumbrado a ver en la Tierra. Madera, barro, estiércol de los animales, eso componía, en su mayoría, las edificaciones de Ciudad Sundur. Eso y ningún niño corriendo por las callejuelas, jugando entre las cajas de madera a modo de contenedores de basura. Solo personas de una apariencia de edad media de entre 25 y 50 años. Todos y cada uno de ellos con aspecto de ser miembros de un ejército, todos con armas rudimentarias construidas con maderas, piedras y algunos metales rudamente fundidos.

El futuro líder entró a formar parte de la legión de guerreros y guerreras y entrenó a las órdenes de la comandante Niver durante más de 15 años. En esos años no solo consiguió un alto rango como miembro de la legión, combatiendo contra los clanes extramuros e intentando evitar, sin éxito, las extracciones por parte de V.I.D.A. para ejecutar las respectivas condenas de sus conciudadanos. En esos años también creó un efímero plan de futuro  con su anterior entrenadora Niver.

Carl, ya nombrado uno de los generales de la legión, había encontrado el amor con Niver, pero necesitaba algo más. ¿Hijos tal vez?

Las leyes de Ciudad Sundur eran estrictas con la reproducción.  Amor sí, descendencia no. No querían condenar a sus hijos a la vida en una cárcel de la que nunca podrían salir, ya que la corporación no se ocupaba de los hijos de los condenados. Podían tener hijos, pero tenerlos significaba crear prisioneros.

En cambio, todos los clanes extramuros tenían hijos, creaban sus familias elevando el número de habitantes de Hundrux 5 de una forma alarmante porque, con cada nacimiento, se acababa con los cada vez más escasos recursos del planeta cárcel.

Carl Masinter, sentado en su despacho del Sector 3 miró la pantalla frontal que ocupaba la pared junto a la puerta de entrada. La pantalla era el único enlace con la corporación y era allí donde cada mes aparecían los nombres y ubicación exacta de los extraídos.  Un eufemismo como cualquier otro que servía para decir quién iba a ser ejecutado ese mes.

El rostro de Carl se quedó congelado, más que su aliento, al ver el nombre que apareció, tras un par de avisos sonoros, en la pantalla frente a él: Niver.

Su amada, su esposa, la mujer que le acogió en la Legión, la que le enseño todo y con quien había decidido formar un, como ahora confirmaba, efímero futuro.

No tenía opciones ante esa solicitud de la corporación. Si se incumplía la demanda el planeta al completo sería masacrado y terraformado de nuevo para dar cabida a los nuevos prisioneros llegados de cualquier parte del universo. Carl tenía que comunicárselo a Niver y llevarla al lugar de extracción.

– ¡Sue!- Bramó Carl a mi madre.

– Sí, Carl.- Dijo ella.

– Necesito que traigas a mi esposa.

– Así lo haré.- Dijo mi madre mientras salía del edificio de barro y madera para buscar a Niver.

El tema de mi madre, ¿no? Supongo que te estarás preguntando eso. No, afortunadamente no estaba muerta y, sorprendentemente, había sabido moverse muy bien  en Hundrux 5, tanto que tras 1 año ya era una de las personas de confianza de Carl.

A Carl le gustaba contar con nuevos prisioneros cerca, sobre todo aquellos que habían sido condenados por delitos menores (menores para ellos, que no para V.I.D.A.) Mi madre había sido condenada por delitos económicos – sí, algo sin mucho sentido, pero, ¿de qué la iban a acusar, de ser mi madre? Ella era perfecta para formar parte del círculo más cercano de Carl. Una mujer educada en las mejores universidades de V.I.D.A. que hablaba varios idiomas, no solo de la Tierra también los propios de los Gulna (Un dialecto ininteligible inventado por ellos tras su independencia). Sue, que es su nombre, era la mejor para estar junto a Carl y él lo sabía. Hasta en aquel momento tan duro en el que debía comunicar a su mujer que iba a ser extraída, no se le ocurría mejor persona para ser testigo de la extracción que ella.

La corporación exigía que un testigo estuviera presente cuando se comunicase la extracción para que fuera este el encargado de acompañar al finado al lugar indicado. Carl eligió a mi madre para comunicárselo a su esposa y, aunque parecía estar todo perdido, tal vez yo pudiera no solo salvar a mi madre, también a todos, pero eso dependía de Carl.

FENIX NEGRA

Cadena miraba el panel frontal de su habitáculo en la nave, como queriendo escapar. Volvía a sentirse encerrada y odiaba estarlo. Durante sus años en cautividad solo había deseado una cosa; ver la luz del sol. Ahora, una vez fuera lo único que veía era la oscuridad del infinito interrumpida por breves destellos estelares.

Mrck entró en su habitáculo sin llamar.

– ¿Qué quieres? – Preguntó seca Cadena.

– Tenemos un espía.

– Os lo dije.

– Estoy prácticamente segura. No es posible que cada uno de nuestros pasos los siga la corporación inmediatamente. ¿Sabes en quién pienso, verdad?

– Sí, pero no te preocupes, le voy a matar.-Dijo contundente Cadena.

– No, seamos más inteligentes. Iremos a su nave-mundo y utilizaremos lo que sabe de nosotros contra él.

La imagen del trasunto de mi padre apareció entre las dos mujeres.

– No puede ser Héctor. Es mi amigo.

– Nos vendió una vez y lo volverá a hacer. No sé cómo hemos confiado en él.- Gritó Cadena.

– Dejadme hablar con él.- Propuso mi padre.

– ¡No! – Gritaron las dos casi al unísono.

– Pero, él ayudó a Jan…

– No seas imbécil, él simplemente ganaba tiempo, quería saber si había más personas implicadas en el plan, nada más. Cuando se aseguró de que no había nadie más nos envió a aquella geminiana a matarnos.

Mi padre quedó en silencio y tras unos segundos preguntó.

– ¿Cuál es el plan?

 

TURK

 

Durante los meses de entrenamiento con Yulma dudo que ninguna abuela haya pegado tanto a un nieto como ella a mí. Aunque me vino bien. Aprendí algo que era muy necesario; que solo se ha de empezar una pelea cuando sabes que la vas a ganar. Esto que parece una tontería, es fundamental en la teoría de lucha geminiana. Sus artes marciales, una mezcla de distintas disciplinas terrestres y de otros planetas habitados, habían conseguido un equilibrio y una efectividad envidiado por todos, de ahí que fueran tan buenos y tan solicitados en labores de caza de delincuentes. Los geminianos no enseñan sus habilidades nada más que a la familia, así, el estilo de lucha de cada geminiano es distinto aunque se base en el mismo arte, pero cada familia tiene algo distinto a las demás.

Yulma supo enseñarme eso y más, supo también explicarme qué es importante en una pelea y qué suplementario. Supo transmitirme los valores de su arte y cómo evolucionar con sus armas. Supo sembrar en mí la paciencia, algo que nunca tuve, y cosechar sabiduría. Y yo, afortunadamente, supe aprender de ella, ser una habitación a oscuras esperando a ser alumbrada por ella…vale, a lo concreto; doy unas hostias como panes. ¡Es flipante! Mi abuela, digo Yulma, es brutal, sabe cómo y cuándo soltar el brazo, dónde y, lo más importante a quién…el porqué ya está claro: Acabar con V.I.D.A. Sí, durante mi entrenamiento me he dado cuenta de que mi padre no me condenó a un destino, me regaló una posibilidad de libertad y de liberar a todos. Mi padre y mi madre. Ahora era mi momento, tenía que hacerlo. Estaba convencido. Iba a acabar con V.I.D.A. Con mi alter ego.

– Estamos llegando, Jan.- Pronunció Turk.

– Sí, ¿Estás segura de que podremos entrar? –Dudé brevemente.

– Es arriesgado, pero no hay otra forma.- Respondió Yulma y se dirigió a Turk.- Hazlo ahora, Turk…por favor.

– Tendremos solo unos segundos para entrar y si los escudos nos detectan antes estaremos muertos vosotros, destruida yo.

– Gracias por recordárnoslo, Turk.- Dije fastidiado.

 

Turk adaptó los códigos de navegación para simular los de una nave de la corporación. Durante unos segundos la pantalla mostraba una señal roja parpadeante que impedía el acceso de nuestra nave a la órbita de Hundrux 5. En el segundo intento hubo más suerte y la señal dejó de parpadear y desapareció de la pantalla. Habíamos engañado a los escudos, el código había servido.

– Entramos.

Turk lanzó sus motores a la mayor velocidad posible y el cuerpo de Yulma y el mío golpearon contra la pared trasera del puente de mando hasta que pasamos la barrera orbital que controlaba el acceso de naves. Tras unos segundos recuperamos la posición y la dignidad y nos sentamos en nuestros asientos. Turk fue decelerando hasta quedar flotando sobre las cabezas de un grupo de prisioneros del círculo más exterior que nos miraban sorprendidos ante la aparición de una nave no de la corporación. Empezaron a gritarnos, pidiendo ayuda, sin duda. Ahora teníamos que encontrar a mi madre.

– Analizo los registros de ADN, Jan. Tu madre o alguien que coincide con esos registros se encuentra en un edificio a pocos kilómetros de este punto.- Informó Turk.

-Vayamos allí entonces.- Sentencié.

Tanto Yulma como yo nos armamos con lanzas de gravedad y nos colocamos nuestras armaduras y el yelmo geminiano que me había ganado, según dijo ella, durante mi instrucción, y nos preparamos para salir.

 

CIUDAD SUNDUR

 

Niver, acompañada de mi madre llegó a la puerta del edificio del Sector 3. Entró lentamente, sabía cuál era el motivo de su presencia allí.

Sue y Niver entraron en la sala donde Carl les esperaba para dar la noticia a su esposa.

– Sé qué hago aquí, Carl. – Dijo Niver.

– No puedo permitirlo.

– Sí, Carl. Lo sabíamos, iba a pasar. Este es nuestro destino.

– Pero, no, no puedo.

– ¡Sí puedes!- Gritó Niver sacando a aquella entrenadora que en su día instruyó a Carl. –Es nuestro destino.- Repitió.

– Tiene que haber alguna forma de evitar tu extracción.

– No la hay, Carl.

La puerta del despacho de Carl se abrió bruscamente y dos geminianos con sus lanzas de gravedad en ristre entraron.

– Sí, sí la hay, pero depende de vosotros.- Dije desde detrás de mi yelmo.

– ¡¿Qué demonios?!- Acertó a exclamar Carl.

Lentamente Yulma se quitó el yelmo y pude escuchar la sorprendida voz de mi madre al gritar:

– ¿¡Mamá!?

No pude darle más misterio al momento y de un tirón me quité el Yelmo, con el consiguiente nuevo grito de mi madre.

– ¡Jan!

A la vez que decía mi nombre, mi madre se abalanzó sobre mí abrazándome como creo que nunca había hecho. Yo, la rodeé con mis brazos y, tras mirarla a los ojos, le dije algo que realmente sentía, algo que mi abuela me había ayudado a sacar de dentro durante aquellos meses.

– Te quiero, mamá.

– Y yo a ti, Jan.

– Y yo os quiero a los dos, pero seamos resolutivos.- Dijo mi abuela, cerrando así el momento emotivo.

– ¿Qué hacéis aquí?- Preguntó mi madre.

– Hemos venido a liberarte.- Anuncié esperanzado.

Ante la escena, Carl y Niver no daban crédito. Mi madre les explicó quiénes eramos, pero explicarles qué hacíamos allí era cosa nuestra.

– Ese es el motivo de que estemos aquí. Soy un plan, vuestro mejor plan. ¿Os apuntáis a derrocar a la corporación?- Concluí tras mi explicación.

El silencio se apoderó de la habitación hasta que Carl, con una voz grave y rotunda, como me hubiese gustado a mí la primera vez que le pedí a Turk que me llevará a Jehim, dijo.

– No más muertes en Hundrux 5 por estúpidos delitos, Jan. Cuenta con nosotros.

– Tendremos que conseguir el apoyo de los otros círculos y no será fácil.- Apuntó mi madre.

– Nada está siendo fácil en esta aventura, mamá.

El panel de conexión con la corporación parpadeó tres veces y al final apareció el nombre de Niver en él. Carl se acercó hasta el panel, me agarró mi lanza de gravedad y apuntó directamente a este. El estruendo hizo temblar el edificio y la pantalla cayó al suelo en pedazos.

– No tenemos mucho tiempo. Pronto detectaran que no se ha realizado la extracción y vendrán a ver qué está ocurriendo antes de lanzar el ataque.

– Perfecto, les esperaremos, es parte del plan de Turk. Ahora vayamos a hablar con los otros círculos. Tenemos que empezar una revolución. – Concluí.

 NAVE-MUNDO

 – Sí, me han comunicado que están de camino hacia aquí. Les recibiré con los brazos abiertos.

– Quiero a la chica, me he dado cuenta de que es lo único que puede hacer que recuperemos a Jan. Habrá que sonsacarle la información que guarda…Ve pensando cómo hacerlo, según los informes es una mujer dura.

– ¡Oh! No se preocupe por eso, presidente Altus, tengo el descorchador que hará que se abra inmediatamente.

Una figura humana se colocó frente al holograma de Altus y el cuerpo de Héctor.

– ¿Quién es?

– Señor, él se encargará de ella.

– ¿Él?- Preguntó el presidente al ver el aspecto desaliñado y nada intimidador de la figura.

– Sí, le aseguro que es su peor pesadilla, luego le diré cuál es la razón y cómo di con él.

La figura humana avanzó hasta la luz y dejó ver un rostro ansioso de venganza.

– Señor, le presento a Ribard.

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