VII

Muney

Planeta de vacaciones

Autor: Amalio Rodríguez.

Ilustración: David Senabre.

 

 Música recomendada por Nulex.

AÑOS ATRÁS

 

La niña se sentó frente a la playa, contemplando el mar. Le gustaba ver cómo las olas se acercaban con fuerza a la orilla y luego se alejaban tímidamente. A la niña le gustaba identificarse con esas olas. Ella también se acercaba a la orilla de la playa igual, pero en otra dirección. mientras las olas querían ir donde ella estaba, la pequeña quería salir de allí, descubrir qué habría más allá de ese mar, pero eso, como todos los muneítas sabían, era imposible.

 

La voz de su padre la llamó desde la cabaña de madera en la que vivía junto a él, su madre y sus cuatro hermanos. La pequeña salió de sus ensoñaciones y corrió al lado de su padre. Era un hombre de mediana estatura, como todos en el planeta Muney. Su piel marrón estaba curtida por el sol y el salitre de la playa. Su cabello era blanco al igual que su barba y sus ojos, de un azul claro, transmitían tranquilidad.

 

Agarró a su hija entre sus brazos, la levantó en el aire y la abrazó contra su pecho, como quien no quiere dejarla escapar nunca. La niña le besó y ambos entraron en casa. Una cabaña de pescadores sin pretensiones, como las otras que, a lo largo de toda la costa, se levantaban para dar cobijo a otras familias de la zona. Los padres de la niña se habían instalado allí no hacía más de 50 años, justo después de que la Primera Guerra de los Sindicatos de Carbón de Xul. una guerra de carácter intergaláctico que había enfrentado durante años a los empresarios con los trabajadores y los sindicatos de este preciado mineral. Coznex, padre de la niña había sido uno de los pocos obreros especializados del sindicato que había salido con vida de la batalla de Niesit V. Cuando el misil impactó en su nave, tanto él como el resto de obreros especializados que llenaban el transporte salieron despedidos al espacio, pero Coznex tuvo la infinita suerte de estar, en ese momento, en la cápsula médica recuperándose de las heridas de la batalla previa. Gracias a ello, la cápsula salió disparada al espacio y él, tras el cristal de Vex que le envolvía, vio como sus compañeros iban muriendo mientras flotaban en el espacio. La capsula quedó a la deriva hasta que unos minutos más tarde fue detectada por una de las naves del Sindicato.

 

Fue allí donde conoció a Sanay, su actual esposa y madre de la niña. Y también fue allí, cuando decidieron encontrar un planeta que no estuviera en conflicto y establecerse en él. Fruto de esa búsqueda dieron con Muney, un planeta terraformado con la intención de convertirse en un paraíso dedicado exclusivamente al turismo; playas de arena blanca y agua turquesa en su zona sur y en la norte, montañas nevadas con estaciones de esquí y bosques de inimaginable belleza. En el espacio, cerca de Muney, había una nave que hacía las veces de centro de atención al turista. Allí llegaban de todas las partes de la galaxia para pasar unos años de vacaciones. Desde esa nave salían despojados de todo elemento que les relacionara con el presente; las células de inteligencia se quedaban arriba, en la nave, a buen recaudo y, por supuesto, cualquier arma. En Muley, una vez entrabas en su atmósfera, descubrías que no eras un simple turista, eras parte del planeta. Dejabas atrás tu vida hasta entonces para convertirte en un habitante más de Muney, un lugar donde la tecnología no existía, donde estabas años atrás en la evolución humana y donde el contacto con el exterior era imposible, porque ni las naves tenían permiso para sobrevolarlo. Estabas en un planeta detenido en el tiempo siendo otra persona.

 

Cuando entrabas en su atmósfera, los componentes químicos de esta, hacían que la transformación fuera total y tu aspecto humano cambiaba a otro completamente distinto. Tu estructura mental, tu forma de pensar, tus preocupaciones, tus prioridades, todo en Muney era diferente, por eso era tan caro pasar unas vacaciones allí. Porque cuando ibas de vacaciones a Muney no solo estabas de vacaciones de tus responsabilidades diarias, también y sobre todo, estabas de vacaciones de ti mismo.

 

Así, la niña y sus hermanos, que habían nacido allí, no sabían cuál era el aspecto real de sus padres, ni de ellos mismos. Pero tampoco sabían quiénes eran antes, solo les conocían en Muney y para ellos esa era la realidad.

 

Coznex no tenían el suficiente dinero como para poder pagarse unas vacaciones de sí mismo durante años, pero no contaba con Sanay y su capacidad de ahorro durante años. Ella, hija del primer gobernador de la Clarence Vön I, contaba con una sustanciosa cuenta corriente que no dudó en compartir con Coznex cuando este le propuso partir hacia Muney y vivir realmente una nueva vida.

 

Desde el día de su decisión hasta la llegada a la nave del centro de atención a turistas pasaron 15 años. En esos años la pareja fue feliz haciendo planes sobre cómo sería su vida en Muney y cuál sería su aspecto, una vez entrasen en contacto con su atmósfera. Una de las cosas que menos le gustaba a Sanay era precisamente el hecho de no ser ella al 100% cuando llegasen al planeta, pero Coznex  le intentaba quitar ese miedo charlando con otras personas que ya habían estado de vacaciones en el planeta. Todos coincidían en que, si bien era verdad que en lo físico te convertías enotra persona, en lo mental seguías siendo tú, por supuesto, pero que algunas de las cosas que considerabas importantes, antes de entrar en su atmósfera, una vez allí dejaban de serlo. Seguías recordando a tu familia, pero no tenías necesidad de verles, seguías teniendo recuerdos, pero todos eran agradables y, lo mejor para la mayoría, el hecho de que descubrías que muchas opiniones con las que anteriormente estabas totalmente en contra, ahora las entendías, las compartías e incluso las llegabas a adoptar como propias.

 

La nave del centro de atención a turistas era enorme, estaba suspendida sobre el planeta como vigilándolo constantemente.  Cuando Coznex y Sanay llegaron se sorprendieron al ver la cantidad de personas que entraban y salían del portal de acceso al planeta. Los que entraban, como ellos, con gesto esperanzado y algo temeroso. Los que salían se abrazaban sonriendo, emocionados, al verse de nuevo con el que partieron años atrás. Algunos lloraban solos al reencontrarse con ellos mismos. Su forma de pensar, sus opiniones, sus manías, gestos, sensaciones…

 

La pareja entro en el portal y antes de cruzarlo, como hacían casi todos, se miraron una última vez antes de cambiar de aspecto y, al hacerlo, se besaron apasionadamente. Así cruzaron el portal.

 

Al otro lado, ya en la atmósfera de Muney y con los ojos aún cerrados, ambos fueron abriendo lentamente sus párpados y descubrieron que estaban besando a un desconocido, pero le amaban.

 

Coznex le preguntó a Sanay que cómo se encontraba y al escuchar su nueva voz no pudo evitar sonreír. Ella sonrió y le confesó que estaba algo asustada pero bien. Se dirigieron a una cabaña situada frente a una playa paradisiaca, entraron en ella y empezaron a vivir una nueva vida.

 

Años más tarde se escuchó el llanto de un recién nacido en el interior de la cabaña… Zax. A él le siguieron, años más tarde, otros tres varones; Coznex, Yulx y Gunex. Y cuando ya no esperaban que nadie más llegara apareció la niña.

 

Durante años Coznex, Sanay y sus cinco hijos fueron felices. Pescaban por la mañana, jugaban por la tarde, se contaban historias por la noche y soñaban con salir de aquella playa algún día. Aunque eso era imposible porque la niña y sus hermanos no sabían que no eran habitantes de ese planeta, simplemente eran turistas.

 

Aquella mañana cuando la familia terminó de comer la niña, como siempre, volvió a salir a la playa, a sentarse frente al mar, a soñar que salía de allí. Esos pensamientos recurrentes llenaban su mente cuando, a lo lejos, en el punto exacto en el que se junta el horizonte y el mar se hace uno con el cielo, una mancha gris fue tomando forma hasta convertirse en algo que la niña no había visto nunca, de hecho, no sabía ni que fuera posible que existiera una nave espacial.

 

La pequeña empezó a gritar, pero no fue capaz de moverse del sitio. Miraba fijamente el objeto mágico ante sus ojos. Sus padres y hermanos salieron de la cabaña y se encontraron con lo imposible, aunque sus padres sabían qué era.

 

La nave descendió frente a la niña, a escasos metros de ella. Quedó suspendida sobre el agua, flotando a milímetros del mar. Una compuerta se abrió y una rampa se desplegó cayendo a los pies de la niña. Coznex se acercó a la pequeña y la agarró como arrebatándosela a aquel enorme dragón metálico, digno de los cuentos que sus padres le leían antes de ir a dormir. Sus hermanos y su madre se colocaron frente a su padre y ella.

 

Por la puerta que daba acceso a la rampa se adivinó una silueta, era de una mujer, parecía joven. Vestía una ropa completamente desconocida para los hijos de la pareja, que no para ellos. Las preguntas de los hijos se repetían una tras otra: “¿Qué es eso? ¿Quién es?” El temor en sus ojos y gestos era evidente. La visitante bajó de la nave, se acercó a la familia.

 

– Las vacaciones han terminado. – Dijo sonriendo.

 

Ante las dudas expresadas por los hijos de la pareja y la falta de respuesta de ésta, su sonrisa inicial se tornó sorpresa al darse cuenta de algo que verbalizó rápidamente: “¿No les habéis contado la verdad?” La pregunta de la visitante dio paso a otras de los hijos, mientras la niña miraba sorprendida a esa bella mujer que les pedía que entrasen en la nave.

 

En el trayecto, la visitante explicó brevemente a la familia quiénes eran, qué estaba pasando y cuál era el motivo de aquello. Los hijos no lo entendieron, algunos lloraron, otros se ilusionaron al pensar que no todo acababa en aquella isla, pero todos, excepto la niña, temieron no gustarse al descubrir quiénes eran realmente.

 

El transporte había ido a por ellos al exceder con mucho su tiempo delimitado de vacaciones en el planeta. Ese era el único motivo por el que una nave podía entrar en la atmósfera y, por supuesto, con el debido camuflaje para que sólo las personas que debían ser requeridas a la nave pudieran verlo, para evitar así estropear la experiencia al resto de turistas.

 

La nave salió de la atmósfera de Muney y tras unos segundos Coznex miró a Sanay de nuevo, después de muchos años. Ambos se besaron de nuevo, como hicieron la primera vez que cruzaron el portal. Miraron a sus hijos y descubrieron a cinco desconocidos de unas edades similares a los que eran sus descendientes en Muney. Ellos se miraron entre sí y a ellos mismos con la misma sorpresa en sus rostros. Tras unos segundos, todos se abrazaron unos a otros. La niña lloraba porque mientras la besaban, abrazaban y sonreían, ella…no conocía a nadie.

 

AHORA

 

Mis padres decidieron echar raíces en la Clarence Vön I, donde mi abuelo fue gobernador años atrás y mis hermanos emprendieron distintos caminos. Les perdí la pista antes de lo de Ribarb. El resto ya lo sabes.

 

Así terminó Cadena su historia y creo que se dio cuenta de que yo tenía la boca abierta ante tal relato.

 

– Es brutal, no diré yo que no, pero… ¿qué hacemos en Muney y por qué no hemos cambiado de aspecto?

 

– Muney ya no es un planeta turístico, hace años que no lo es y, además, no creo que nos busquen en un planeta como este.

 

– ¿Por qué?

 

– Ahora solo hay contrabandistas.

 

– Creo que deberíamos plantearnos otro sitio donde vivir.

 

– Sí, tal vez, pero de momento vamos a esa cabaña.

 

Cadena me llevó hasta una cabaña muy similar a la que se crió, a pie de playa. El interior estaba completamente destrozado, el techo estaba agujereado, pero no había de qué preocuparse, como me enteré más tarde, en Muney llovía tres veces al año.

 

Cadena se quitó la ropa y quedó desnuda frente a mí. Lo hizo tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar.

 

– Quiero agradecerte lo que hiciste por mí en la nave-mundo.

 

– No, no creo que, bueno, yo…

 

– No, de verdad, quiero agradecértelo.

 

Cadena se acercó más, tanto que sus pezones casi rozaban mi camisa. Yo estaba nervioso, era la segunda imagen más bella que había visto nunca…la primera fue ella bajo el sol.

 

– Me siento en deuda contigo, Jan.

 

Cadena intentó besarme y me descubrí apartándome. ¡Apartándome! ¡Qué dirían mis amigos de la Universidad V.I.D.A. 6! Habríamos matado por tener a alguien así desnudo frente a nosotros y ahora, cuando lo tengo, me aparto. Lo que dije a continuación me salió más del corazón que de mi otro órgano, que en ese momento también estaba bombeando gran cantidad de sangre.

 

– No, Cadena. Sé que me lo quieres agradecer, pero habrá otras formas, no sé, hazme una tarta. –Ella sonrió, porque soy imbécil seguramente y yo seguí desarrollando mi imbecilidad. – No es que no me apetezca, claro, pero, bueno, quiero decir… ¡Eres preciosa! Pero no creo que tengas que pagarme por nada y menos de esta manera, si hubieses sido un hombre te habría ayudado igual y no creo que él me hubiese querido pagar así. Has vivido en un planeta de vacaciones con una familia que tenía otro aspecto, has sido víctima de un secuestro, violaciones y abusos durante 20 años y no es justo que me aproveche de ti aceptando algo que no puede ser entregado como un regalo. Llámame antiguo pero no quiero que acostarme contigo sea el pago a ninguna deuda, porque no creo que tengas ninguna deuda conmigo. Si un día nos acostamos será porque tú quieras hacerlo y yo también, claro. Pero no porque me debas nada. Si un día lo hacemos será porque me quieres.

 

Lo dije todo de un tirón, casi sin respirar y cuando acabé en mi mente solo sonaba una palabra: “Imbécil”

 

Cadena, se volvió a vestir. Se acercó hasta mí y me besó suavemente en los labios.

 

-Sabes, ya empiezo a quererte un poco.

 

Nos acostamos y dormimos mirando el cielo estrellado y lleno de naves de contrabandistas de Muney.

 

EDIFICIO CORPORACIÓN V.I.D.A.

 

– Claro que todos nuestros dispositivos tienen un localizador. – Dijo la imagen holográfica del director de la empresa de teletransportación.

 

El presidente de la corporación ordenó terminar la comunicación y se dio la vuelta para charlar con la imagen holográfica del geminiano.

 

– Bien, ya lo ha escuchado. Realice el seguimiento a ese dispositivo y cuando lo haga, desplácese hasta donde se encuentren los fugitivos.

 

– Mi precio es solo por uno de ellos. –Replicó serio el geminiano.

 

– Entonces su precio acaba de duplicarse. Mate a la muchacha, no la necesito. A él tráigalo con vida ante mi presencia.

 

La imagen del geminiano desapareció y el presidente se acercó a la ventana de la planta más alta del edificio flotante de la corporación. Desde allí se podía ver mi casa, estoy seguro, bueno, lo sé porque lo comprobé más tarde, pero no quiero hacerte spoilers.

 

Bastante tienes con saber que dentro de poco Cadena estará muerta.

 

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