Yulma

Ojo con la yaya.

Autor: Amalio Rodríguez.

Ilustración: Chema López Lajarín.

Música recomendada por Nulex.

La nave geminiana se detuvo frente a Jehim.  El yelmo sobre la mesa dejaba ver una pequeña grieta, sin duda producto de alguno de los muchos enfrentamientos a los que había asistido. Una mano lo cogió y se lo colocó en la cabeza con la rapidez que da la costumbre.

La nave quedó flotando a escasos metros de una plataforma de acceso a uno de los mercados orbitales. Cuando se abrió la puerta los pies seguros del ocupante de la nave tocaron el suelo de la plataforma que ,lentamente, se había desplazado hasta la compuerta principal de acceso.

Bajó y se ajustó la capa mientras ocultaba su arma tras ella. Se acercó a una casa de ventas y apartó la cortina de Vex. Tras ella encontró a un gulna de aspecto simiesco, más de lo normal, con una camiseta amarilla que le marcaba sus desproporcionados músculos y con un gesto contrariado y mirada ausente. Junto a él un humano, uno de sus empleados, miraba con miedo la figura que acababa de entrar.

-¿Qué sabes?- Sonó una voz grave y distorsionada dentro del Yelmo.

-Vamos, dile lo que me contaste.- Apremió el gulna a su empleado.

-Hace un par de semanas, llegó una nave geminiana. Ya sabes que no es normal verlas por aquí. Por eso me llamó la atención. – Respondió el humano y prosiguió su relato. – Iba un chaval dentro, pelo castaño, bastante alto, pero con cara de niño, la verdad. Estafó a uno de nuestros socios del gremio de mercaderes gulna, aunque él no quiera reconocerlo. Luego se subió a su nave y se largó.

-Puedes irte.- Concluyó el gulna.

La cortina se abrió sola para dejar salir al humano y éste no dudó en salir de la casa de ventas rápidamente.

El gulna se quedó mirando el yelmo y a su propietario durante unos segundos.  Pero pronto se rompió esa tranquilidad cuando el brazo del geminiano agarró al mercader y con una sorprendente fuerza le atrajo hacia él. Éste se vio sorprendido por el movimiento, pero se acercó al yelmo, casi pegando su cara contra él.

Lentamente el casco dejó de ser un obstáculo entre el gulna y el bello rostro de la caza recompensa. Sus ojos de un violeta intenso se clavaban en los del gulna. Tras unos segundos de silenco la geminiana besó al gulna antes de tirarle al suelo y sentarse en cuclillas sobre él.

-Te he echado de menos.- Dijo la geminiana.

-Y yo a ti, cariño.

Durante la siguiente hora la cortina de la casa de ventas estuvo bloqueada al acceso. Nadie podía entrar y de su interior solo salían gemidos de placer y sonrisas cómplices que intentaban evitar que las autoridades les descubrieran en un acto de sexo inter-especies, algo totalmente prohibido por la corporación.

Yulma, nombre de la geminiana, renunció a su vida como humana el día que visitó el teoplaneta Hilbrium. Allí, la influencia de la corporación era menor, tal vez por lo lejos que se encontraba de cualquier parte del universo conocido o tal vez por lo insignificante que eran sus habitantes en aquel momento. El planeta le ofrecía a Yulma todo lo que siempre había necesitado. Campos fértiles en los que desarrollar una vida plena durante años y cultivar sus propios alimentos, libres de los aditivos que V.I.D.A.,  añadía a los productos alimenticios dependientes de su red comercial y que te garantizaban salud e inmortalidad.

Yulma no quería ser eterna, no entendía la vida como un proceso sin fin en el que pasase lo que pasase tú siempre ibas a estar en él. La mera idea de existir por existir la aterraba. Tanto que, cuando cumplió 220 años, con su aspecto de los 40, decidió dejar de tomar productos con el sello de V.I.D.A. y empezar a envejecer y, con el tiempo, tal vez otros 200 años, morir.

Su familia no lo entendió, su pareja de entonces no lo entendió, su hija no lo entendió, pero no concebía un futuro en el que vivir, más que un don, era una condena.

Cuando le hablaron de Hilbrum, de un lugar donde sus habitantes habían decidido seguir las leyes de la naturaleza, un lugar que era templo de los naturalistas, un lugar donde todo era como hacía cientos de años atrás y donde nadie se extrañaba cuando le decías que querías morir, no tuvo muchas dudas.

Metió lo poco que creía salvable de su anterior vida; una placa lectora con la biblioteca que le había acompañado durante años, un par de imágenes impresas (un procedimiento antiguo y ya en desuso pero que ella adoraba) y un pequeño baúl de Vex con ropa, y  se marchó.

Antes dejó un mensaje grabado para su familia, su exmarido hacía años que no la entendía y, fruto de esa incomprensión, llegó su separación. Le dejó un escueto mensaje holográfico: “Nunca me has entendido, ni me has apoyado en nada, lo nuestro simplemente fue una unión temporal de dos personas que no encontraban nada mejor. Lo único bueno de nuestra vida juntos es nuestra hija. Por eso esto no es un mensaje de despedida y agradecimiento por estos años. No lo es. Entonces, seguro que te preguntarás ¿Por qué me dejas un mensaje? Por darme el placer de mirarte a lso ojos y decirte, uina vez más: que te jodan”.

Dejó otro mensaje a su hija, que ya independizada desde hacía décadas, vivía un idilio romántico con un directivo de la corporación que, además de darle amor la colmaba de riquezas, viajes espaciales y todo lo que cualquiera hubiese querido tener en una sociedad tan podrida como la que había creado la corporación. Por dale le había dado hasta un hijo. Su nieto a quien aún no conocía.

“Cariño, vive tu vida, disfruta de ella y no me juzgues. Lo que hago no es un acto de egoísmo, es un acto de coherencia. Espero que siempre seas feliz, estés al lado de ese ingeniero de V.I.D.A., sola o con quien quieras. Soy tu madre y siempre te querré. Cuida de mi nieto y háblale de su abuela. Te quiero”.

 

Yulma se levantó de la cama donde había yacido con el gulna. Su cuerpo era esbelto y musculoso, su cabello suelto le caía sobre sus hombros y, ante el reflejo de la luz de la lámpara de la habitación de su amante, además de sus ojos, toda su piel parecía violeta.

-¿Crees que es él?- Preguntó el gulna.

-Estoy segura. –Dijo cabizbaja Yulma.

-Entonces, ¿a qué esperas?

-Me da miedo. Sé que es una tontería, pero ¿qué hago? ¿No sé dónde ha ido? Y, si lo supiera… voy tras él y le digo: “Hola, chaval, en la nave-mundo no quería matarte, solo protegerte. Por cierto nunca adivinarías quién soy”

-Sí, claro. Sería lo más normal. – Reconoció el gulna.

-Pero, no lo entenderá. ¿Qué coño hago yo persiguiéndole por el universo?

-Protegerle, Yulma, protegerle. No sabe ni que existes y ya le has salvado la vida una vez…

-¡Le puse la pistola en la sien! Cree que iba a matarle, pero solo quería que se calmara. Pensaba que era yo quien disparaba y no los hombres de Héctor. Ese puto traidor. Cuando fui a decírselo, desapareció junto a su chica…nunca había estado tan cerca de él, nunca.

El gulna se levantó de la cama y abrazó a Yulma por la espalda tiernamente. Ella acomodó su cabeza en el hueco entre su pecho y su brazo izquierdo y notó como el pelo de su amante le hacía cosquillas en la nariz. Sonrió como cuando era niña y su padre le soplaba suavemente en la cara para jugar con ella.

-Cariño, no sé lo que haría yo, pero sí sé lo que harías tú. Irías a buscarle, le explicarías quién eres y por qué le intentas proteger, le pondrías a salvo hasta que se aclare todo este lío y le darías un abrazo.

-No entiendo cuál es el motivo por el que le acusan de matar a su padre. No tiene sentido, ningún sentido.

-Entonces, tal vez sea eso lo primero que debas descubrir. Yo estaré siempre a tu lado, decidas lo que decidas, Yulma.

-Lo sé, Crant, por eso estamos juntos. Haré lo que me aconsejas. Haré lo que yo haría. Le encontraré y le protegeré.

Sellaron ese pacto con un beso y no desbloquearon la cortina de la casa de ventas en toda la noche.

 

MI LUNA DE ENDOR, POR FIN.

-Bueno, ahora que sabéis esto ya es momento de empezar mi historia como suelen empezar todas las historias, por el principio.

Acabé mi lectura a Turk y pregunté ansioso.

– Bueno, ¿qué te parece?

-No entiendo qué sentido tiene escribir un libro al pasado. Disculpa, pero ya sabes que las metáforas, hiperboles y otras figuras literarias no son lo mío.

Me levanté del suelo, donde acababa de leerle mi prólogo a Turk para que me diera su opinión, y me coloqué junto a un incipiente arroyo que empezaba a formarse, fruto de las bombas de vida lanzadas semanas atrás.

-No es una metáfora, es un recurso literario para contar mi historia para quien le interese.

-¡Ah! ¿Das por hecho que le va a interesar a alguien?

-Contigo es imposible.

-Jan, creo, sinceramente, que lo que te pasa es que te aburres mucho. Y ahora, si me permites cierro la comunicación. Tengo que recalibrar los parámetros para que no nos rastreen.

Turk no podía tener más razón. Llevaba casi quince días en lo que dentro de unos meses sería un frondoso bosque y ya estaba más que harto. No había nada que hacer, salvo esconderme, recalibrar los parámetros de Turk, escóndeme, recalibrar los parámetros…y así. Aún seguía planteándome la posibilidad de llevar a cabo el plan para el que había sido creado, pero no tenía claro cómo hacerlo. Hablar con Turk me aliviaba en mis largos días de soledad, aunque no dejaba de ser una inteligencia artificial y, echaba de menos a Cadena. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Me estaría buscando? ¿Me echaría tanto de menos como yo a ella?

La única forma de saberlo era buscarla yo, salir a su encuentro y… ¿Entonces qué? No, lo mejor era esperar… pero ¿esperar qué? ¿Eternamente? ¿Hasta que se olvidase el presidente de la corporación de que hay un clon suyo, en algún lugar del universo, esperando para acabar con V.I.D.A?

En esas cavilaciones constantes y repetitivas estaba cuando Turk me interrumpió con un:

-Tienes que ver esto.

Turk abrió la compuerta y entré en su interior rápidamente. En el panel frontal había una imagen congelada de una mujer muy familiar con ojos violeta.

-¡Es la geminiana que intentó matarnos en la nave-mundo!

-¿Estás seguro?

-Joder, como para no estarlo. Me puso el arma en la cabeza y si no es por el teletransportador me fríe allí mismo. ¿Por qué nos manda un mensaje? ¿Sabe dónde estamos?

-De hecho, no nos manda el mensaje solo a nosotros. Las naves geminianas estamos comunicadas entre nosotras, pero no compartimos nuestra ubicación a menos que lo consintamos. El mensaje es global, nos la envía a todas las naves geminianas esperando que suene la F.L.A.U.T.A…

-¡¿Has hecho una metáfora?! – Observé sorprendido.

-¿Perdón? No, ya te he dicho que no sé. Es lenguaje literal. La F.L.A.U.T.A es el Faro Limitador Automático de Unidades Trans-espaciales Autónomas. Que es un dispositivo que actúa a modo de baliza para indicar a nuestras iguales dónde nos encontramos.

Mi cara de imbécil ante la explicación fue evidente, pero Turk siguió como si nada.

-Yulma, que es como se llama tiene un mensaje bastante extraño para ti. ¿Lo quieres escuchar?

-¿Es Luke Skywalker un Jedi?

-¿Perdón?

-Que sí, que sí, que quiero verlo.

La imagen de Yulma empezó a moverse y con ella su voz.

-Hola, este es un mensaje para la nave geminiana que visitó uno de los mercados orbitales de Jehim con un navegante humano en su interior. Las naves que no cumplan con estos requisitos borrad el mensaje inmediatamente. Mi nombre es Yulma, geminiana de origen humano. Necesito hablar contigo, Jan. Sé quién eres y quiero que sepas quién soy. No creo que pueda llamarme abuela…

-¡¿Qué cojones ha dicho?! – Grité.

-Lo repito. – Decidió Turk.

-No creo que pueda llamarme abuela porque nunca he tenido la oportunidad de serlo para ti. Tu madre me lo prohibió, no sé cuál fue la razón. Nunca le gustó que me convirtiese en geminiana, pero esa es otra historia. El motivo de este mensaje es decirte que quiero protegerte.

-Me quisiste matar…

-Sé que crees que intentaba matare en la Clarence Vön, pero nada más lejos de la realidad. Te estaba protegiendo de los hombres de Héctor.

-¡Páralo! – Ordené a Turk. Y añadí.- Por favor.

-Así sí.

-¿Podemos contactar con ella?

-Puede ser una trampa.

-Quiero contactar con ella…por favor.

-De acuerdo.

La imagen del panel central desapareció y en su lugar una proyección holográfica de una casa de ventas ocupó todo el puente de mandos de la nave. En su interior Yulma, de pie en el centro me miraba. Me acerqué a su trasunto y me quedé a escasos centímetros de ella, le miré los ojos. Eran los mismos ojos que me habían mirado en la nave-mundo, pero con un cariz muy diferente, no se veía preocupación en ellos, solo esperanza, se la veía feliz, sonrió y yo con ella.

-Eres, ¿eres mi abuela?

-Bueno, eso parece.

-Per, ¿eres una caza recompensas?

-Algo así.

-Mi padre un espía, mi abuela una caza recompensas, yo un clon de Altus y solo falta que mi madre sea un robot…

El rostro de Yulma se quedó más congelado que cuando estaba su mensaje en pausa sobre el panel de Turk.De detrás de Yulma apareció, por una puerta al fondo, el robusto cuerpo de un gulna, con la misma cara de asombro, pero con un brillo de esperanza en sus ojos.

-¿Qué has dicho? – Preguntó Yulma.

-¿Cuándo?

-¿Un, un clon de Altus? – Repitió sorprendido el Gulna.

-Sí, creí que, creí que lo sabías. -Dije a media voz.

-Por eso te persigue, por eso quiere acabar contigo.- Observó Yulma.

-Puedes acabar con ellos. –Dijo el gulna esperanzado.

-No, un momento, yo soy…- Intenté decir antes de que Yulma me interrumpiera.

-La única esperanza, Jan. Sin ti no hay nada que hacer. Ahora entiendo a tu madre, entiendo cuál fue el motivo de separarme de ti, entiendo a tu padre, entiendo su acción, hasta entiendo su muerte.

-Yo no, Yulma. Renunció a decírmelo claramente, a contarme la verdad sobre mí, en su lugar lo hizo un reflejo virtual que me dejó grabado en mi Nulex. Y mi madre nunca se preocupó por mí, nunca. Así que no digas que entiendes a mis padres… ¡Nadie los entiende! Soy su hijo, joder, no un puto experimento, su hijo. ¡No soy Altus! ¡No lo soy!

Lloré.

-No, no lo eres. Tu nombre es Jan y debes sentirte orgulloso de quién eres y de quiénes son tus padres. Hicieron el máximo sacrificio posible. Predestinar a su hijo a una misión tal vez suicida para convertirlo en el único ser del universo capaz de acabar con la corporación. Tus padres no criaron solo a un niño, criaron a un líder, Jan; tú.

-No quiero ser un líder, no tengo aptitudes.

-Lo tienes que ser, Jan. Es tu destino. Tu padre lo sabía y tu madre lo entendió justo antes de ser detenida.

¿Mi madre detenida? ¿Por qué? Ese golpe fue más duro de lo que nunca podría haber imaginado. Yulma me contó que pocos días después de mi desesperada huida a bordo del Nulex con forma de nave monoplaza DKúbito, los hombres de Altus se llevaron a mi madre a las instalaciones de Hundrux 5, un planeta cárcel, al que llevaban a todos aquellos que la corporación consideraba que no se adaptaban al régimen y les dejaban allí, tal vez por tiempo indefinido. Ninguna nave podía salir y las condiciones de vida en aquel planeta se podrían considerar de guerra constante entre los reclusos por conseguir víveres y controlar las zonas más ricas. Un universo dentro del universo de V.I.D.A. Un infierno legal que ahora y desde que salí de Marte, estaba sufriendo mi madre. Fue entonces cuando mi abuela se enteró de todo lo que le había sucedido a mi vida en los últimos meses. La muerte de mi padre, mi refugio en casa de mi madre,  mi huida tras la acusación  y la detención de mi madre. En ese momento decidió buscarme y ocultarme en algún lugar lejos de la corporación. Yulma, se dio cuenta, como yo me di hablando con ella, que solo nos teníamos uno al otro en todo el universo. Porque no teníamos la seguridad de que mi madre aún estuviera con vida.

-¿Cómo podemos salvarla? – Pregunté desde mi inconsciencia.

-No negando quién eres, Jan.- Dijo Yulma.

-Quiero que vengas.

-Haz sonar la F.L.A.U.T.A, Turk. Estaré contigo lo antes posible.

-Si te parece bien, Jan. Así lo haré.

-Por favor, Turk. -Pedí y mirándo a Yulma le pregunté.- ¿Puedo, puedo llamarte abuela?

-Mejor Yulma.

-Yulma, Yulma, sí, claro, Yulma mejor.

-Hasta pronto, Jan. Cuanto esté a tu lado te abrazaré, como siempre he querido.

La visita de mi…, de Yulma, no solo fue muy reconfortante a nivel emocional, también práctico. Yulma era una experta combatiente y todos sus conocimientos, adquiridos durante años en distintos conflictos, por fin habían encontrado un buen recipiente en el que ser depositados: yo.  

Por fin tenía un orden de prioridades claro; entrenarme con Yulma, salvar a mi madre, encontrar a Cadena, cumplir el deseo de mi padre y acabar con la corporación desde dentro, pero para cumplir ese objetivo antes tenía que acabar con un traidor, antes tenía que acabar con el «tío» Héctor.

Paradójicamente, en un universo donde el tiempo era eterno, precisamente tiempo es lo que nos faltaba ahora. Porque mi madre podía estar muerta.

 

 

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